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By Jorge Lanata

Ebook by means of Lanata, Jorge

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Frente al contrabando ningún gobernador era fuerte: cuando Hernandarias no quiso transigir con aquel ambiente fue perseguido, acusado de crímenes que no cometió y condenado por jueces afines a los contrabandistas. No se trataba de corromper a los que ya estaban, sino de contar con "tropa propia": adquirían en "subasta pública" los cargos de concejales que eran puestos a remate, ganando así con facilidad la mayoría en el Cabildo. – se hacía por remate o como "donativo gracioso" al Rey. Esta "costumbre" comenzó bajo el reinado de Felipe II.

Curiosamente los describió como "sucios", aunque anotó en otro párrafo que se lavaban la cabeza dos veces por semana, costumbre que era bastante menos frecuente en Europa. Creían en brujos y en mitos, mientras que en el viejo continente creían en otros brujos y otros mitos, y resultaban, comprensiblemente, "soberbios y altaneros", a la hora de inducirlos al trabajo forzado. Como apuntó el Padre Lozano, al aparecer los españoles, los indios "abrasaban sus pueblecillos, talaban las mieses, y se escondían donde no pudieran ser hallados".

La marcación de esclavos, aunque no como castigo sino como distintivo de propiedad, formó parte de los tormentos de la época. Rodríguez Molas cita el pedido de autorización del Gobernador del Río de la Plata Francisco de Céspedes a Felipe II para herrar a los indios serranos de Buenos Aires: "Conviene señalarlos en el rostro para enfrenar su furia y venderlos, y es tanta verdad esto que teme más el indio que lo embarquen, desterrándolo a Brasil, que si lo sentenciaran a muerte". Las marcas con hierro se generalizaron luego a los ladrones de hacienda; un acta del Cabildo del 26 de marzo de 1759 dice en su parte resolutiva: "Sólo halla el Cabildo el remedio de que se haga una marca pequeña para que con ella se marque a fuego a los dichos ladrones, poniéndosela por la primera vez en la espalda, y por la segunda que haya reincidido otra marca en la misma espalda o en una mano y que a la tercera vez de su reincidencia, según lo prevenido en semejantes casos, será ahorcado y que para llegar a marcar así la primera como la segunda vez ha de ser con equivalente prueba, castigándoselo según el mérito del delito, pues las marcas, se debe entender, que sólo se le deben aplicar para ser conocido y para que lo contenido tenga el correspondiente efecto".

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